El uso continuo de las cocinas y los extractores de humos van formando láminas de partículas de hollín, que se pegan a las paredes de la chimenea y el conducto de tiro. A medida que se acumula el hollín y los restos orgánicos el diámetro de la chimenea se reduce, aumentando la temperatura del conducto, e incrementando el peligro de incendio. Si alguna llama o resto incandescente se pega a los restos de grasa y hollín de la chimenea o si se ha desprendido alguna placa de restos puede encenderse una llama y extenderse allí por donde haya grasa, polvo, hollín y restos inflamables. La limpieza de chimeneas es el último estadio antes de liberar los humos del sistema de conductos por lo que debe asegurarse que no existe ningún atranco u obstrucción que pueda ocasionar una acumulación de humos en su cocina. Si la chimenea se encuentra totalmente limpia, sin restos de hollín ni restos orgánicos proporcionan una salida de humos y vapores al exterior evitando cualquier riesgo para su negocio.

